Soy Candela Farrona, una chica de 18 años que tras vivir casi toda la vida en Mérida, Extremadura, vuelvo este año a la ciudad en la que nací para estudiar una carrera que he querido hacer desde muy pequeña.
Mi madre y mi padre han estudiado pedagogía y también aquí, en la Complutense, y aunque yo siempre digo que estudio la carrera por vocación y no por que ellos me hayan dicho que la haga, es imposible negar la influencia que he recibido. Mis padres me han inculcado el gusto por la educación y por eso y mucho más, creo que han triunfado como pedagogos y como padres.
A Extremadura nos mudamos cuando yo tenía tres años porque mi familia decidió apostar todo por la escuela Paideia y esto sin duda alguna ha sido el detonante para admirar la pedagogía. En esa pequeña escuela he crecido feliz y he aprendido mucho más que contenidos de asignaturas como matemáticas, lengua o ciencias naturales. Puedo decir que he aprendido a ser. Me han enseñado a tener interés, a ser autónoma, a realizar trabajos manuales, a resolver problemas, a relacionarme con todo el mundo de forma respetuosa y no discriminativa, y muchas cosas más. Todo esto no hubiera funcionado, repito, sin la constancia y el apoyo de mis padres.
Cuando me marché del colegio y entré en el instituto, donde sí había que seguir unos contenidos y había que hacer exámenes, me fue genial. Necesitaba ese cambio y quería vivirlo. A pesar de aprender con otro método, a mi parecer, más desactualizado y autoritario en su mayoría, encontré en mi camino a profesores que me hicieron no perder la esperanza y que siguieron fomentando mi interés (que muchas veces temía perder dentro de un modelo tan diferente).
De mi experiencia en el instituto me quedo con las personas. Conocí a las que son y espero sigan siendo mis mejores amigas. Durante este tiempo también me enamoré y me desenamoré. Y como he dicho antes, conocí a profesores que me dejaron huella.

0 Comentarios